Infancia Misionera



La Obra de la Infancia Misionera constituye “una verdadera red de solidaridad humana y espiritual entre los niños de los antiguos y nuevos continentes” (Juan Pablo II). En ella “los niños ayudan a los niños” en un dar y recibir recíprocos.
Se trata de un importante recurso formativo, orientado a que los niños aprendan a participar de una manera activa y concreta en el anuncio de la Buena Noticia. Con su oración, sus ofrecimientos personales, su colaboración económica y su apertura a la posible vocación misionera, los niños ponen su granito de arena para transformar el mundo con el mensaje alegre y esperanzador del Evangelio y experimentan lo que es ser “pequeños misioneros”.
En España esta Obra celebra su Jornada el cuarto domingo de enero, como impulso a las actividades que se desarrollan en las diócesis a lo largo de todo el año.


Infancia Misionera 2017: ¡Sígueme!

La Dirección Nacional de OMP, a través del Secretariado de Infancia Misionera, inicia un proyecto de cuatro años para ayudar a padres, educadores y catequistas en la maravillosa tarea de desarrollar la dimensión misionera en la iniciación cristiana. Es poner en este itinerario una “música de fondo” que recuerde a niños y formadores que esta experiencia de adhesión a Jesús en la Iglesia implica el reconocimiento de la universalidad. Es una de sus dimensiones esenciales, y no un simple “hacer algo bueno”: es ayudar a los niños a abrir su corazón a toda la humanidad, como hizo Jesús. Ver proyecto Infancia Misionera 2015-2018

La primera etapa es reconocer que en los planes de Dios no hay acepción de personas. Todos somos miembros de la familia humana, llamados a construir una sociedad más justa, a la vez que maduramos como personas. Se pretende mostrar que es malo trazar una raya imaginaria para separar a los niños del Norte, que ayudan y, al haber recibido el Bautismo, tienen más garantías de ir al cielo, y del Sur, que aún no conocen a Jesús y además son tan pobres que les hemos de ayudar con nuestras limosnas. Parece una caricatura, pero puede tener fundamento en la realidad.

Se trata de lo contrario. Todos somos hijos de un mismo Padre Dios y todos estamos llamados a la felicidad eterna. Los que conocemos a Jesús tenemos el deber de llevar a otros esta buena noticia y de ayudarles con nuestros bienes. Es lo que hacen los misioneros. Así, los niños van experimentando que el amor a los demás no es solo dar limosna, sino que lo primero y principal es aceptarles, reconociéndoles como hermanos y reconociendo que “yo soy uno de ellos”. Es el momento de descubrir que la identidad personal es un don de Dios que asegura y garantiza la unidad, dentro de la diversidad.

Para vivir con los niños esta experiencia de universalidad, se ofrecen diversas herramientas. La preparación de la Jornada de Infancia Misionera se inicia el primer domingo de Adviento; se puede ir construyendo la correspondiente corona desde la dimensión misionera, para concluir con “Sembradores de Estrellas”. A través del DVD Yo soy uno de ellos, los pequeños pueden confrontar su vida con la de los niños de otros continentes. Los educadores (profesores de religión, padres o catequistas) disponen de unos guiones didácticos para niños de 6-8 y 9-12 años. A esto se ha sumado la convocatoria especial de un concurso de cuentos.


Anastasio Gil
Director de OMP en España